Fangos envueltos en urnas de marfil
Venas cercenadas
en la memoria de lo subterráneo
Párpados fatigados
de las efímeras noches
Inconsciente
cuestionado en el tiempo
Alma detrás
del umbral del delirio.
Delirio
callado, silencioso y oculto.
Mátame soledad
y entiérrame contigo
Eres la
mejor lápida y el más hermoso epitafio.
Cúbreme con
las noches metafísicas
Y rodéame
con el olvido de la contradicción.
La eternidad
metafórica de una vida sin vida
es la
antesala para una despedida permanente
y el final
para un latido persistente.
Acudo a las
mundanas tinieblas
a que me
oscurezcan con su luz
para trascender
en la mirada
para
aguardar en el misterio.
Enséñame a
odiar sin desear el odio.
Que fluya
como una corriente desconocida
Que desemboca
de un sin- sentido
Pero que
viaja con el sentir.
A mi costado,
la ausencia del espíritu.
A mi pecho,
la ceguera ilusoria de la realidad.
A mis pies,
el camino impreciso del rumbo vacío.
A mi cabeza,
el ser reprimido de un deseo constante.
A mis
espaldas, la muerte silente
ocultando su cara a la vida,
pero amenazándola
con cada espina.
Letras
devoradoras de visiones realistas
y creadoras
de utopías
plasmen por
mí:
De las
lágrimas pueriles
De los
inequívocos sentires
Y de la
maldita suerte
de ser
humana.
|-|-Kelly Schweigen-|-|

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