Pensamientos sinsentido divagan
en el rincón de una memoria malgastada.
La conciencia se hace añicos para darle paso a los fantasmas
que de día no se ven.
Palabras materializadas en versos destruidos
y en sueños utópicos.
Imágenes distorsionadas de escenarios vividos
con la carne y el hueso
que van perdiendo centímetros
en el transcurrir de la vida.
Sábanas envueltas en una fría noche de llovizna infinita.
Se escuchan, se transforman, se golpean,
se atacan, se disuelven
se estallan en gotas ácidas que no cesan
pese al recorrido inefable del minutero.
El sonido de los recuerdos cambia de tonalidad
hasta volverse insoportable, a la vez que
reaparece el miedo con desdén
reaparece el miedo con desdén
y mirada seductora
para comunicar que la muerte
no necesita de un silencio permanente.
Se percibe oxidada la atmósfera de la habitación
que en otras horas
brilla por su levedad.
Cómo olvidar aquellos párpados fatigados de tanto andar
en una porción de la realidad
amarga y nauseabunda.
Horas desesperantes danzan con la soledad,
una soledad convertida en un pájaro
que se resiste a volar.
El cuerpo parece un remolino
que no encuentra su destino;
se cierne con la humedad nocturna,
sin rumbo, sin sosiego.
El reloj...ese reloj que asfixia y carcome el alma.
Esa representación del tiempo
que permanece inválida.
Un tiempo que se niega entender
que la búsqueda de un sentido
necesita urgencia.
La respiración pesa y se hace consciente,
se acorta y se prolonga hasta desvanecerse poco a poco
en el sombrío universo del deseo.
¡Y qué decir de la garganta! y su nudo eterno de palabras
que en vez de desenredarse,
se viste de un mutismo
inútil y extenuante.
Sensaciones en otrora ajenas y que ahora remueven las entrañas
hasta transformarse en una constante compañía,
una enemiga compañía
que agota y envejece.
Si pudiera nombrar esa miserable compañía
con las letras entrecortadas
de una mente adolorida,
la llamaría:
In...som...nio.
I - I-Kelly Schweigen-I - I
