miércoles, 12 de diciembre de 2012





Y siempre serás
más que mi poeta,
mi poesía.


En las caudalosas horas del silencio, 
te observo en mi recuerdo.
Presentía nuestra lejanía 
desde los sueños,
pero el destino es absurdo 
y la causalidad efímera.
La vida es obstinada 
y el futuro impreciso.
Las nubes grises adornaron el atardecer
cuando los arreboles empezaban a renacer.
Melómanas noches de besos infinitos
y jamás olvidados.

Una mañana de Septiembre
 acudí al regazo de tu existencia
transformando mi cuerpo vítreo 
en un alma exorbitante
ondulante, 
viajera de ensueños y desdichas.
Acudiste a mi sentir 
en un crepúsculo abandonado
para enseñarme el amor 
desde otra perspectiva.
El cuarto menguante de mi insomnio 
era tu sonrisa.
La constelación de mi espíritu 
era tu mirada.
Aquellos ojos negros 
me cogían de la mano
en los callejones iluminados 
hasta la más remota oscuridad.
Cada paso que dabas 
era mi cercanía a la eternidad.
Me iluminaste las pupilas 
de fronteras desconocidas.
Acompañaste mis desvelos 
con letras vividas.
Tu voz era la última galaxia 
de mi Universo.
El reloj de arena formaba dunas 
con tu presencia.
Entre tantas utopías realizadas
descubrí tu miedo más grande:
El miedo a tí mismo.
Desabrigaste mi complicidad
interrumpiendo el sendero que nos unía.
Lo bifurcaste hacia distintos destinos
dejando mi alma en el vacío.
¿Por qué lo hiciste?
¿Acaso no sentías mi sangre 
estremecida con tu tacto,
mis manos dilatadas con tus latidos
mis exhalaciones al encontrar
tus pestañas con las mías?
¡Ah! Que se apoderara entre los dos
El eterno resplandor de una mente sin recuerdos
para volverte a encontrar 
en otra memoria
en otra ventura.
Me enseñaste un lugar en el que las palabras
reencarnan silenciosas por el aire;
 allí permanecerán por siempre
los arpegios del preludio 
y aquella melodía que nos erizaba
hasta el último suspiro:
Comptine d'un autre été.

Sigo escribiéndote,
mientras tu mueres 
en cada una de mis letras
poco a poco.
Mientras tu me borras y me desapareces
de tu pergamino
para resucitar en otro poema.

Cuando pases por aquel muro
en el cual se dibujaron nuestros pasos
espero que observes también
“Hasta el infinito del infinito.
Ese que queda cerquita a la eternidad"

En aquel rincón de tu memoria
se albergará por siempre
tocando guitarra a tu costado
la Amelie de tu existencia.


|-|-Kelly Schweigen-|-|