me despierto cada mañana,
pendiente de una mirada vestida de quimera
Esa,
como la tuya que se sienta a mi lado
y me recuerda la efímera presencia
de tus pupilas.
La realidad desciende por las cortinas
para recorrerme entera
y destruir sueños níveos
dejando a tu rostro con vida.
Quédate con mi ausencia;
mánchala de luto
y caliéntala con los ardores de mi pecho.
Te acompañará en la infelicidad
de las noches amargas
y en la cúspide de las auroras azules.
Reencarna mi ausencia en otros besos,
en otro Venus para saciar tu placer,
tu soledad.
Cúbrela con otros brazos
Y labios
Y cabello
Y senos
Y piernas delirantes.
Envuélvete de esa sonrisa que no es
De esa caricia que no es
De ese costado que no es
De ese todo
que no me pertenece.
Cúbrela con sábanas húmedas
De lluvias ancestrales
De elixires carnales
De obsesiones dipsómanas
Y velas derretidas.
Mira que mi alma te mira,
esa alma que es ausencia
y vacío
y nada
Mira que mi alma te mira
y conversa con la sombra de dos cuerpos
que se entregan
conspiran en silencio
y hacen el amor desmedidamente.
Mira que mi alma te mira
y llora al ver que la sombra de sus ojos
acaricia otra con el olvido en las pestañas.
Mira que mi alma ya no tiene alma
y se marcha poco a poco,
oyendo el silencio propio del sexo
inhalando la pasión ajena
y el aroma de la traición.
Mira que mi alma se marcha
con el corazón en la mano.
Mírala
Mírala
por última vez
aunque te hayan dejado ciego.
Mírala
por última vez
aunque te hayan dejado ciego.
|-|-Kelly Schweigen-|-|

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